Cómo hacer lo imposible

“¿Pero estáis locos?” – “No se puede.” – “Es imposible.” – “Jamás lo vais a lograr.”

Dos veces me he enfrentado esto, una pared de prejuicios. Dos veces la rompí, la rompimos mejor dicho un pequeño grupo de personas al que pertenecía. La primera vez fue una apuesta personal, de como construir nuestras relaciones, la segunda vez un proyecto profesional, un proyecto para para fusionar nuestro activismo con nuestro trabajo. Ambas veces fue una lucha de años, y ambas veces demostramos que sí, que era posible.

Al principio, cuando recien emprendimos estos caminos teníamos todos en contra. No por oposición directa, sino por incredulidad. Todo el mundo y cualquiera nos decía que era imposible, que no se podía. Era un goteo continúo, muchas veces bien intencionado, pero cuyo impacto era minar nuestra voluntad.

Pero nos protegimos, no escuchamos, salimos a comprobar que era posible un grupo pequeño, convencido y unido. Luchamos. Probamos. Sufrimos. Aprendimos. Fracasamos. Revisamos. Adaptamos. Aguantamos. Recibimos palos, pero también regalos. Y con el tiempo, con los años, dos veces callamos las voces negativas, la evidencia les obligó a callarse. Les demostramos que sí, que se puede, se puede si quieres, si quieres de verdad. Porque para poder realmente tienes que estar dispuesto a pagar el precio.

Todo en esta vida tiene un precio, todo. No estoy hablando de dinero, no. Estoy hablando de tiempo, de emociones, renuncias. Estoy hablando de entrega, de sacrificio, de aguantar cuando duele, cuando da miedo, cuando el cansancio te quiere tragar. Estoy hablando de pensar en esto continuamente, de cambiar tus planes por una urgencia, de llamar, de hablar, de caminar, de viajar, de leer… por el proyecto. Estoy hablando de horas, días, semanas, meses, años dedicadas a él. Estoy hablando del milagro que pasa cuando diferentes personas focalizan su energía en el mismo camino, casi toda su energía durante un tiempo largo. Estoy hablando de luchar, de luchar por algo de verdad.

Estoy hablando de afrontar tus sombras, porque saldrán. Tus traumas, tus miedos, tus inseguridades estarán entre las piedras con que te vas a tropezar, serán las más grandes de todos. Lo vas a pasar mal, muy mal. A mi me pasó, y mucho. Os doy dos ejemplos. Primero mis prejuicios, cuantos tenía. Me impedían salir, relacionarme con quienes necesitaba para avanzar. Quería mantener distancia cuando tenía que crear vínculos. Así que pasé por miedos y paranoias, cosas que solo estaban en mi cabeza, rompí los muros que me impedían salir, mis esquemas mentales. ¿O me las rompieron? No sé. Pero sé que aprendí mucho. Aprendí a callarme, a escuchar, a hablar en mil lenguas y a amar a ellas, a aquellas personas que eran tan diferentes a mi. Nuestro proyecto me obligó a cambiar de paradigma. Cuanto me dolió este proceso y cuanto agradezco hoy haber pasado por el. Segundo ejemplo: Mi vergüenza, mi miedo a ser rechazada. Me hace callarme a veces y ante todo desaparecer de ciertos conflictos. Pero en el proceso, cuando estas construyendo no puedes, has dicho, habéis jurado, que aquí os vais a quedar. Esconderse, huir entonces es destruir el avance de años. Así que cuando estalló la cosa, cuando ciertos vecinos se enfrentaron directamente a mi, no pude irme. Aguanté, atravesé el conflicto y el rechazo. Y otra vez lo sufrí, lo sufrí mucho. Pero hoy en día sé que este dolor me ha hecho más fuerte, me hizo más fuerte mi lucha, la nuestra.

Así, con los años, poco a poco, luchando, dándolo todo lo hicimos, convertimos lo imposible en una realidad. Por esto ahora sé que se puede, que sí es posible cambiar lo que quiero cambiar. Pero solo si estas dispuesto a todo, si pagas el precio, solo si quieres de verdad.

Y el precio es alto, lo es ante todo si buscas ser antisistema, si luchas por cambiar nuestra sociedad. Cada paso es difícil, es cuesta arriba, es contracorriente, y a la vez te da vida, porque también recompensa con aprendizajes, crecimiento y fe. Hay momentos que duelen, y mucho, pero vale la pena, porque detrás de la noche hay todo un mundo, un mundo de posibilidades desde el otro lado ni te puedes imaginar.

Y tú, ¿qué? ¿Has andado ya por tales caminos? ¿Vivido un camino, una lucha de verdad? Y si no, ¿cuál sería la causa, el proyecto, la gente que a ti te permitirían aguantar?

Texto originalmente publicado en De palo en palo.